Capitulo 1

EL MIMETISMO EN LA CAZA CON ARCO

 

Autor: Miguel Ángel González Domingo

 

La caza con arco es una actividad que se desarrolla a muy corta distancia, efectuándose la mayoría de los tiros a menos de 30 m. De todos los sentidos en los que se apoyan éstos animales para reconocer su entorno, la vista es después del olfato el segundo en importancia y por lo tanto debe de ser uno de nuestros objetivos principales el evitar que nuestras presas nos vean o que al vernos nos reconozcan como un peligro potencial.

 

1.- VISIÓN HUMANA Y VISIÓN ANIMAL

 

1.1.- ANATOMÍA Y FUNCIONAMIENTO DEL OJO

El ojo está construido y actúa como una cámara fotográfica. Una cámara se compone de una caja protectora, un sistema regulable de lentes y una película sensible a la luz, Las paredes interiores de la cámara están ennegrecidas para evitar reflejos en la película. Hay un diafragma, o abertura regulable, que limita la cantidad de luz, eliminando así defectos como la aberración de esfericidad. Su misión es la de producir sobre la película imágenes tan nítidas como sea posible.
Ahora fijémonos en este ojo genérico, en el que están destacadas sus partes más importantes:

 

 

En la parte frontal encontramos primeramente la córnea, que es una piel transparente que recubre la parte del ojo que da al exterior. Además de proteger el ojo de agentes externos, debido a su elevada densidad, actúa de lente convergente sobre luz.
Tras la córnea se encuentra el humor acuoso, un liquido claro que llena una cavidad lenticular y en la que están incluidos los órganos dióptricos, que nos permiten regular la cantidad de luz que penetra en el ojo y su enfoque.

El iris divide al humor acuoso en dos cavidades, la cámara anterior y la cámara posterior. Es la parte coloreada del ojo y su función es la de servir de barrera a la luz y de esta forma controlar la cantidad de la misma que penetra en el ojo. Unos músculos diminutos cambian el tamaño del iris y por tanto de su abertura, denominada pupila. Incluso con su apertura máxima, la cantidad de luz que la atraviesa está limitada al centro del sistema de lentes, evitando así daños en la retina por sobrecarga de estímulo.

El cristalino es la lente que al ser deformada por los pequeños músculos ciliares en forma de anillo, permite enfocar y así que la percepción de objetos a distintas distancias sea la adecuada. A esto se le denomina acomodación del ojo.

El cuerpo vítreo es una sustancia gelatinosa transparente que da la forma al ojo y que proporciona la distancia suficiente para que los rayos de luz se enfoquen en su fondo.

La retina es la parte interna del manto que forma la parte posterior del ojo. Es donde se encuentran las células pigmentadas sensibles a la luz y donde se enfocan las imágenes. Abarca toda la parte posterior del ojo, extendiéndose hacia su parte anterior, y termina en lo que se denomina ora serrata.

La fóvea centralis o mancha amarilla es la parte de la retina donde se concentra mayor cantidad de luz, y por tanto donde se encuentran las células fotoreceptoras en mayor número.

La coroides es un recubrimiento anexo a la retina, lleno de pequeños vasos sanguíneos, y que tiene la función de absorber la luz dispersa por el interior del ojo y suministrar oxígeno y nutrientes.

La esclerótica es una túnica fibrosa opaca que protege el exterior del ojo hasta la córnea y ayudada por la presión de los líquidos intraoculares da la forma al globo ocular.

El tapetum lúcidum es una capa reflectora anexa a la retina, propia de los animales de costumbres nocturnas y cuya misión es reflejar la luz como si fuera un espejo, de forma que incida dos veces sobre las células fotoreceptoras.

Las células fotoreceptoras del ojo son de dos tipos, los bastones y los conos, denominados así por su forma.

Los bastones son sensibles a las pequeñas variaciones en la intensidad de la luz y por lo tanto perciben muy bien los contrastes. Dan la sensación de una visión en blanco y negro pero ayudan a una mayor nitidez en objetos con sombras o poco iluminados.

Los conos son los responsables de la visión diurna, perciben bien los detalles, los colores y sus pequeñas variedades cromáticas, pero para ello necesitan de intensidad de luz unas mil veces mayor que los bastones para poder ser excitados.

Como hemos visto, la dirección en la percepción es mayor es en la del eje visual, al final del cuál está la fóvea. Ésta está ligeramente desplazada del eje óptico del ojo, que es por el que pasa la luz con una menor distorsión. Éste pequeño desplazamiento es debido a la presencia del nervio óptico, también cerca del centro de la retina y que transmite las señales visuales al cerebro. El lugar donde se une el nervio óptico al ojo se denomina papila del nervio óptico o punto ciego, al no disponer de células sensibles.

Este desplazamiento supone una ligera desventaja al perderse algo de nitidez en la visión central pero que se compensa, siempre que la intensidad de luz sea la suficiente, al encontrarse la zona repleta de conos, capaces de percibir muy bien los detalles y el color.

Al alejarnos de la mancha amarilla empiezan a aparecer los bastones, aumentando su número a medida que nos alejamos de ella, pero sin llegar los conos a desaparecer nunca, incluso en las regiones periféricas de la retina.

 

1.2.- EL ESPECTRO VISIBLE Y LA PERCEPCIÓN DEL COLOR

La luz que llega hasta nuestros ojos procedente del Sol y de otras fuentes luminosas, cae a menudo fuera del espectro visible para los seres humanos, por lo que no somos capaces de aprovecharla en su totalidad. Esto es causado por los siguientes motivos:

De todos es conocido que la luz ultravioleta conlleva unos efectos nocivos para la salud, pudiendo incluso alterar el código genético de las células y producir mutaciones o la muerte celular. Así pues se pueden producir melanomas cancerosos en la piel sobrexpuesta a éste tipo de radiación, o se puede usar para matar las bacterias que se encuentran sobre la fruta o en nuestros cepillos de dientes.

El ojo humano está concebido para durar al menos unos 40 años, la esperanza de vida original de nuestra especie, por lo que para una longevidad tal es necesario que esté protegido contra la nociva radiación ultravioleta mediante unos filtros que la bloquean.

La retina en el ser humano si que es capaz de percibir la región del ultravioleta, pero sin embargo la córnea absorbe la mayor parte de la energía de longitudes de onda inferiores a los 300 nm, en la región del ultravioleta. Esto produce daños a la córnea, por lo que deberíamos usar gafas de sol en las horas en que la luz es más intensa, incluso en días nublados. También el cristalino absorbe fuertemente la luz de longitud de onda inferior a los 380 nm, siendo ésta la radiación menor que puede llegar a la retina.

Por el otro lado del espectro, las moléculas de agua de la córnea y del humor acuoso absorben la mayor parte de la energía en longitudes de onda por encima de los 1.200 nm. Sin embargo los pigmentos del ojo carecen de respuesta para la luz de longitud de onda superior a los 800 nm y no son muy sensibles para la que excede los 700 nm.

 

 

Así pues la luz visible por el ojo humano abarca, por un lado desde el color rojo, con una longitud de onda de unos 680 nm. Por el otro lado del espectro, nuestro ojo puede ver hasta el color violeta, con una longitud de onda de unos 380 nm. Con longitudes de onda mayores o menores que éstas, nuestro ojo no es capaz de percibir la luz ni por tanto las imágenes y si hay presente luz en frecuencias visibles, los colores más allá de éstos límites nos parecerán tonos grisaceos indeterminados.

La habilidad del ser humano para distinguir los colores, nos permite diferenciar fácilmente los objetos de su entorno. Así por ejemplo, nos es fácil distinguir las manzanas maduras, de un rojo brillante, de su fondo verde de hojas, ramas y de las otras manzanas.

Ésto es debido a que los conos que poseemos son de tres tipos y están capacitados para responder a varios colores. La mayoría de nuestros conos son sensibles a longitudes de onda altas (rojos), seguidos en abundancia por los de longitudes de onda medias (verdes) y por último los de longitudes de onda más bajas (azules) constituyen sólo el 10% del total. Ésta distribución permite abarcar todo nuestro espectro visible, en lo que se llama visión tricromática, común a todos los primates.

Sin embargo existe una diferencia entre el color físico, de una determinada longitud de onda, y el color fisiológico que percibe el ojo. Así el ojo percibe como color amarillo a una longitud de onda de unos 580 nm, pero también percibe como amarilla a la combinación de una luz verde y luz roja. Con esto vemos que algunos colores son el resultado de la estimulación de varios tipos de conos en mayor o menor medida.

El color que mejor percibe el ojo humano, al estimular un mayor número de conos, es el amarillo. Sin embargo, está demostrado que el color que el ser humano es capaz de resaltar mejor frente a cualquier tipo de fondo, es el llamado naranja internacional (blaze orange), con una longitud de onda de 595 nm, algo desplazada hacia el rojo al ser los conos más abundantes los sensibles a longitudes de onda altas. Este color es ampliamente usado para señalizaciones, equipos de emergencia, etc. y es también obligatorio en algunos países en la indumentaria de los cazadores.

Los animales que constituyen nuestras presas, disfrutan de una longevidad mucho menor que la del ser humano, por lo que no es necesario que sus ojos estén protegidos contra los nocivos rayos UV y que por lo tanto si que llegan a estimular sus retinas. En otras palabras, muchos animales son capaces de ver luz que nosotros no percibimos, más allá del violeta.

 

 

Por el contrario estos animales carecen casi de conos, incluso en la fóvea, por lo que su percepción de los colores es más bien pobre. Además sus conos responden sólo a dos tipos de frecuencia, disfrutando sólo de una visión dicromática con picos en los 450 nm (violeta) y 540 nm (verde). Éste tipo de visión es común en los carnívoros y ungulados y que por tanto carecen de la capacidad de discriminación de los objetos, que disfruta el ser humano.

El principal inconveniente de la visión dicromática está en la incapacidad de diferenciar los colores de longitudes de onda medias: amarillo, marrón, naranja y rojo. La mayoría de los animales que basan su visión en conos que perciben longitudes de onda bajas (violetas) y longitudes de onda altas (verdes), se verán incapaces de diferenciar entre los colores arriba citados o incluso de percibir los de longitud de onda más alta. Así un objeto de color naranja o rojo, parecerá a sus ojos como una tonalidad indeterminada de ocre.

La imagen del mundo que deben percibir estos animales es más próxima a una fotografía en blanco y negro que a una en color. Sus contrastes de colores en el mundo que les rodea, están basados principalmente en dos tonalidades: el azul (cielo, agua) y los ocres (tierra, vegetación, animales). Cualquier cosa azul, violeta o ultravioleta situada en el suelo, llamará poderosamente la atención de éstos animales, frente al fondo de pardos y verdes del suelo. El violeta o ultravioleta sería para éstos animales el equivalente del naranja internacional (blaze orange) para nosotros.

 

1.3.- LA VISIÓN NOCTURNA

El ojo humano no responde igual con poca que con mucha luz. Si a un individuo se le sitúa en un ambiente claro, se dice que está adaptado a la luz y que usa visión fotópica. Si se le mantiene en un ambiente oscuro, se dice que está adaptado a la oscuridad y que utiliza visión escotocópica. Un ojo adaptado a la luz, no puede ver nada en cuanto se le introduce en un ambiente oscuro, sin embargo después de un tiempo los objetos se hacen visibles. El tiempo de adaptación suele ser de unos 30 minutos en el ojo humano, e implica unos complicados procesos químicos en lo que se denomina transición de Purkinje y en la que tiene mucho que ver la vitamina A.

En el ojo humano, la agudeza de la visión escotópica alcanza su valor máximo a unos 20º de la fóvea, donde la densidad de los bastones es máxima. Por el contrario, en la fóvea y su periferia, la adaptación a la visión escotocópica es nula, al estar la cornea cubierta de conos en ésa zona, y al necesitar de mayor cantidad de luz para su estimulación. Por tanto, con poca luz, percibiremos mejor las imágenes en nuestra visión periférica y poco o nada si miramos directamente hacia un objeto.

De todos nosotros es conocida la predisposición de nuestras presas a la vida nocturna, gracias a la fácil adaptación de sus ojos a la visión escotocópica.

El 90% de las células fotoreceptoras de los ungulados son bastones, y por tanto están bien preparados para la visión con poca luz y además son sensibles a las longitudes de onda bajas, precisamente las más abundantes durante la noche. La distribución de los bastones es más o menos uniforme, no perdiendo capacidad de visión en ningún punto del ojo, como ocurre a los humanos.

 

 

La sensibilidad de los bastones es máxima para longitudes de onda alrededor de los 500 nm (azules y verdes). Ésta sensibilidad decae rápidamente hacia el lado de los amarillos y rojos, pero permanece bastante alta hacia el lado del ultravioleta.

Así mismo sus pupilas son capaces de abrirse con un diámetro unas tres veces superior al nuestro, permitiendo así la entrada de una mayor cantidad de luz. La cantidad de luz que penetra en el ojo está en proporción directa a la superficie que atraviesa, así pues si con un tamaño similar del ojo el diámetro de la pupila es tres veces mayor, la cantidad de luz total que penetra será tres al cuadrado, o sea, nueve veces mayor.

Otra importante adaptación de sus ojos de los animales a la visión nocturna es la presencia del llamado tapetum lucidum, que es una capa situada tras la retina y que hace que la luz incida dos veces la misma célula fotoreceptora, reciclando y aumentando la luz disponible para la visión dentro del ojo hasta un 60%. Ésta es la causa por la que vemos brillar los ojos de los animales al alumbrarlos con una fuente luminosa durante la noche.

 

El tapetum lucidum en los cérvidos

Todos estos mecanismos de adaptación a la visión escotocópica, sumados, hacen que la capacidad de visión con poca luz de los animales, sea cientos de veces superior a la nuestra. El color que mejor ven los animales en las horas nocturnas es el ultravioleta, que coincide también con la mayor luz disponible, y sin embargo son ciegos a los naranjas y rojos.

Capitulo 2

1.4.- LA AGUDEZA VISUAL

La agudeza visual del ojo se define como la mínima separación angular entre dos puntos luminosos, que equidistan del ojo y que pueden ser distinguidos por éste como dos objetos diferentes. Si dos objetos se hallan muy próximos entre si, el ojo los confundirá como si se tratasen de un solo objeto.

Para el ojo humano, el valor máximo de la visión fotópica es en la fóvea, donde los conos son más densos. Para que el ojo pueda percibir dos puntos luminosos como tales, su luz ha de incidir en por lo menos dos conos separados al menos por otro no estimulado. La densidad de conos en la retina es el factor más importante, pero no el único.

Para que el número de conos en relación con el tamaño de la imagen formada sea grande, es necesario que el ojo también sea de gran tamaño, lo cual no siempre es posible en la naturaleza.

También es importante que los mecanismos dióptricos del ojo sean capaces de formar la imagen más nítida que sea posible en la retina. Cuanto mayor sea el diámetro pupilar, mejor será la capacidad de resolución del ojo, pero por el contrario la profundidad de campo o el margen de distancias en el que podemos ver un objeto con nitidez, es menor.
La luz de diferentes longitudes de onda se refracta dentro del ojo, haciendo que los distintos colores formen la imagen en puntos diferentes y perdiéndose nitidez en lo que se denomina aberración cromática. El ojo humano filtra la luz más susceptible de ser refractada, la azul y ultravioleta, por lo que la imagen formada presenta poca aberración cromática y una gran nitidez.

Otro tipo de animales que disfrutan de una gran agudeza visual son las aves. Las aves basan su visión principalmente en los conos, estando dotadas de conos capaces de percibir longitudes de onda ya en el ultravioleta, no presentes en el ser humano. Por lo tanto su capacidad de resolución podríamos decir que es alta, incluso superior a la del ser humano. Por otro lado necesitan de gran intensidad de luz para poder utilizar su potente visión, encontrándose en profunda desventaja a ésas horas del día en la que la luminosidad no es alta.

 

Micrografía de los conos y bastones en la periferia de la retina de un mono

 

Podemos decir que la capacidad de resolución de objetos de casi todos animales no es tan buena como la del ser humano, resultádoles difícil en muchas ocasiones la formación de imágenes nítidas en la retina, tanto más cuanto mayor sea la adaptación a la vida nocturna del animal. La visión a distancias más allá de unos 30-60 m es borrosa y difícilmente pueden distinguir las formas con nitidez, debido a la falta de profundidad de campo en su visión y a las aberraciones cromáticas.
Las aves gozan de una visión muy superior a la nuestra, pero únicamente con buena iluminación, siendo su capacidad de ver en las sombras y en la oscuridad casi nula.

 

1.5.- CAMPO DE VISIÓN

Observemos que la posición de los ojos en los depredadores, incluido el ser humano, es frontal para permitir una visión esteoroscópica que les permite percibir mejor la profundidad de los objetos y el cálculo de distancias, necesarios para la caza. Los animales herbíboros, por el contrario, han desarrollado un tipo de visión que les permite detectar la presencia de los depredadores, situando sus ojos en los laterales, con lo que cada ojo es capaz de cubrir casi 180º de campo visual.

Los herbíboros son capaces de detectar el movimiento casi en todas direcciones, unos 300º, excepto directamente por detrás. Sin embargo en el plano vertical el arco de su campo visual es mucho más limitado, por lo que no pueden ver lo que les acecha por encima.

Hacia el frente gozan también de visión binocular estereoscópica y buena percepción de la profundidad de campo, en un arco que abarca casi 90º.

Hacia los laterales, sin embargo, solo disponen de visión monocular y una pobre percepción de la profundidad de campo, en lo que constituye la mayor parte de su campo visual. Así mismo, cada ojo enfoca independientemente, por lo que les es dificil fijar su atención en objetos, pero al mismo tiempo les permite detectar el movimiento rápidamente en un arco de unos 300º.

Algunos ungulados están dotados de cornamentas que les impiden ver en algunos ángulos y que limitan su campo de visión notablemente en algunos sectores. Éste sería el caso del muflón (Ovis musimon) y el alce (Alces alces), por ejemplo.

 

Visión binocular en un cérvido

 

Campo de visión en un cérvido

Los herbíboros son capaces de vigilar su entorno en un gran arco que abarca los 360º si incluimos el movimiento del cuello. Por el contrario sólo son capaces de una visión de alta resolución en un arco limitado, directamente delante de ellos, por lo que deben situar a un objeto en ése arco si quieren observarlo. En su zona de visión monocular les es difícil distinguir los movimientos lentos y/o que se dirijan directamente hacia ellos, al carecer de profundidad de campo.
No pueden ver directamente por encima suyo, al estar su campo de visión y el movimiento de su cuello limitados, lo que es aprovechado ampliamente por los cazadores que usan puestos elevados (treestands).

2.- EL CAMUFLAJE EN LA CAZA CON ARCO

Hasta los años 70 los cazadores y los arqueros en especial, no usaban camuflajes y los pocos que lo hacían estaban limitados a los estampados militares. Los ejércitos tampoco empleaban normalmente ropa camuflada, ya que preferían los uniformes de colores sólidos para sus tropas regulares y sólo sus unidades especiales usaban ropa mimetizada. Hasta ésa época el éxito de los cazadores arqueros era limitado, en parte debido a la falta de conocimiento general sobre ésta forma de caza y en parte por lo inadecuado de los materiales empleados, entre ellos su vestuario.

En 1.972 Jim Crumley, un anónimo profesor de marketing de Virginia (EE.UU.), comenzó a experimentar con un nuevo camuflaje, pintando manchas marrones sobre ropa de trabajo gris, que hiciera juego con la vegetación de los bosques donde cazaba. Dos años más tarde, sobre la misma ropa dibujó con rotulador unos rectángulos a forma de sombras, que imitaban la corteza de los árboles de la zona. La idea pareció tener éxito entre sus amigos y en 1980 se decidió a poner un pequeño anuncio en la revista Bowhunter y así nació el primer camuflaje diseñado especialmente para cazadores, el patrón Trebark®.

En 1.982, otro fabricante de camuflajes empezó a coger fama. Era Bill Jordan, el creador del patrón Realtree®, y que pasó a ser la competencia directa de Trebark®. Ambos estampados se comenzaron a vender en grandes cantidades, y los dos creadores firmaron cada uno una exclusiva con los dos grandes almacenes mayores de los EE.UU.
Al año siguiente otro competidor, Toxie Haas, lanzó el patrón llamado Mossy Oak® y a partir de ese momento el multimillonario negocio de los camuflajes fue ya imparable.

Hoy día coexisten más de 50 patrones distintos de camuflajes especializados para la caza con arco. Algunos realmente son capaces de cubrir las necesidades especiales de un arquero y otros no tanto y deben su existencia solamente a la moda del momento. Deberemos saber reconocer los mejores y elegir sólo los que realmente son efectivos y apartar aquellos que atraen tanto los ojos de los compradores humanos como los de sus posibles presas. Un buen camuflaje debe hacernos el trabajo de la ocultación más fácil, desde el infinito hasta la distancia de tiro. Para ello debe poderse incluir en los dos siguientes grupos, aunque muchos pertenecen sólo a uno de ellos, y sólo serán efectivos en unas condiciones determinadas.

 

2.1.- CAMUFLAJES QUE ARMONIZAN CON EL ENTORNO

Armonizar con el entorno quiere decir que la prenda vista en una escala de grises, no resalte del fondo en el que esté colocada. Éstas condiciones pueden darse en indumentaria de un solo color, como el clásico color kaki o el verde oliva, o con prendas estampadas con complicados patrones que imiten hojas, ramas, cortezas de árboles, e incluso pieles de serpientes.

La historia de la compañía Mossy Oak® nos cuenta que su popular estampado original surgió del deseo de su creador de crear un patrón que tuviese los mismos colores que un puñado de tierra que cogió del bosque. Ése sería el ideal de armonización con los colores y tonos del entorno, que nuestro equipo incluyese sus colores exactos. Pero eso no es siempre posible ni deseable y deberemos buscar unos tonos comunes que nos permitan cazar en el mayor número de ambientes que sea posible.

Fijémonos en los animales, sus pelajes suelen ser de colores pardos y grises, y nos es muy difícil distinguirlos en su hábitat natural, armonizando perfectamente con su entorno. Pocos animales presentan algún tipo de camuflaje en el sentido que nosotros lo entendemos, no lo necesitan.

 

Camo Bushlan®

Camo Mossy Oak® Treestand

El que no llamemos la atención en un entorno determinado no significa que podamos con la misma prenda ocultarnos a tan solo unos pocos pasos más allá. Esto es especialmente cierto con los camuflajes que imitan las cortezas de los árboles, que nos ocultan de un observador mientras estemos apoyados contra el árbol, pero que nos delatan contra la claridad del cielo en cuanto el observador simplemente nos mire desde un lado. La existencia de pequeños patrones que imiten hojas o cortezas, con todo detalle y en varios colores, no garantiza que a la distancia media de tiro de unos 20 metros ésos estampados y sus detalles sean totalmente visibles y efectivos.

A medida que un objeto se aleja, los detalles se vuelven más confusos para el ojo, hasta que llegan a desaparecer totalmente, debido a que su capacidad de resolución es limitada. Esto ocurre a menor distancia cuanto más pequeños sean los detalles del objeto. Si el objeto además está compuesto por varios colores, el ojo los detectará como su suma, es decir, si es rojo y amarillo a corta distancia, a distancia aparecerá como naranja. Así el ojo percibirá la forma en conjunto y en un color medio de los que la componen, posiblemente más oscuro que los originales. Este efecto conocido como la Ley de Rico sobre la visión lejana puede hacer que un camuflaje que a corta distancia nos parece que debe ser muy efectivo, a unos pocos metros haga que nuestra silueta sea fácilmente identificada por los animales. Éste es el principal defecto de los camuflajes que solamente proporcionan una armonía de tonos con el entorno.

Aunque son muy atractivos a la vista del comprador, deberíamos rechazar aquellos camuflajes que presentan muchos detalles pequeños y poco separados entre si, por lo expuesto anteriormente. Un buen camuflaje debe ofrecer su eficacia máxima a una distancia entre 10 y 30 m.

Son mejores los colores claros, como el beige, para evitar el efecto de oscurecimiento con la distancia.

Por otro lado, los camuflajes militares están diseñados para engañar a los ojos de los humanos y no a los de los animales. Aunque fáciles y baratos de conseguir hoy en día, su eficacia es limitada y en muchos de ellos ya a poca distancia no se pueden percibir sus pequeñas manchas, pareciendo de un color indeterminado, generalmente demasiado oscuro como para armonizar con fondos que no sean los de las sombras más profundas del bosque y que delatan la silueta del cazador.

Camo militar Woodland

Camo que sólo imita cortezas de árboles, Trebark® original

Los camuflajes que armonizan con los colores y formas del entorno, muchas veces no son capaces de disimular la silueta humana ni de armonizar con todos los fondos del terreno en el que cacemos, por lo que en algunas condiciones funciona y en otras, en cambio, los animales nos reconocen fácilmente. Requieren que permanezcamos en las cercanías del entorno al que imitan y muchas veces de inmovilidad casi absoluta.

Capitulo 3

2.2.- CAMUFLAJES QUE DISIMULAN LA SILUETA HUMANA

Los animales aprenden a reconocer la silueta del hombre rápidamente, sobre todo la parte superior del torso. Un animal que camina erguido, con el cuello muy corto, la cabeza redonda, y que en ocasiones porta un instrumento en forma de palo, es señal de peligro inminente y suficiente para que nuestras presas inicien una huida a la carrera.

Un buen camuflaje debe de ser capaz de disimular la silueta humana antes descrita, o al menos hacer que los animales no puedan percibir la totalidad del cuerpo, si no partes sueltas que no puedan relacionar con un depredador. Hoy en día muchos estampados de los fabricantes más populares ya consiguen plenamente éste propósito.

Para que el camuflaje sea capaz de disimular la silueta humana se usan actualmente dos principios: colocar grandes manchas de distintos tonos repartidos por varias partes del cuerpo y confundir la capacidad de enfoque del ojo mediante objetos aparentemente colocados en otro plano.

Al incluir grandes manchas irregulares de diferentes tonos repartidas por el cuerpo es como si llevásemos puestos varios camuflajes del grupo anterior. Tenemos así más probabilidades de que varios de los colores armonicen con el fondo en que nos encontremos mientras otros resaltarán algo más. En el peor de los casos, un animal que nos mire, verá por ejemplo algo que parece un brazo y una cadera, pero nunca podrá distinguir suficientes partes del cuerpo como para identificarnos con un peligro. Éste tipo de camuflajes son muy eficaces y polivalentes, funcionando en muchos entornos diferentes. El hecho de que existan en el entorno zonas de sombras y claros, aumenta su eficacia, al añadir más tonos a los ya empleados y además si el fondo de nuestro camuflaje es claro, reflejará la luz ya existente en el entorno, sin aportar ningún color extraño. La forma más sencilla de conseguir éste efecto es combinar varios tipos de camuflajes en la vestimenta del arquero, en sus pantalones, chaqueta, guantes, etc.

 

Mezclando camos: ASAT® y Realtree®

Camo Mossy Oak® Brown foliage

El otro principio se basa en un defecto de la visión llamado rivalidad binocular y que consiste en que el ojo enfoca más fácilmente en los objetos oscuros situados sobre un fondo claro que al revés. Así por ejemplo, si miramos a un tablero de ajedrez nuestros ojos se fijarán enseguida en los cuadros negros, mientras que para concentrarnos en los blancos necesitaremos de un esfuerzo adicional. Hay dos tipos de cuadros, pero los negros predominan.

También se aprovecha el hecho de que el cerebro cuando percibe algo que le resulta familiar, no necesita una atención especial para identificarlo e inmediatamente lo asocia a objetos y tamaños conocidos. Así pues, en el hombre, no necesitamos que un interlocutor termine la frase para saber que va a decir o no es necesario terminar de ver o leer algo para saber de qué se trata. Éste proceso de percepción de la realidad lleva a errores. Fijémonos en los siguientes ejemplos:


¿Qué son estos bloques negros?. Rivalidad binocular.


¿Qué niño es más alto?. Error en la comparación de tamaños.


A Manuel le gusta la
la caza con arco
y fecha

¿Qué dice aquí?… ¿seguro?. Error de interpretación.


¿Qué línea gruesa es más larga?.
Error de apreciación de distancias.


Recordemos que además la capacidad de percepción y la agudeza visual de los herbíboros es bastante peor que la nuestra. Sus ojos además vigilan su entorno mediante barridos horizontales y se detienen cuando alguna línea vertical, fuera de contexto, les llama la atención. En el ser humano padecemos el mismo defecto cuando nos movemos junto a una carretera o una vía de tren. Las líneas horizontales parecen seguir nuestro movimiento, pero al topar con líneas verticales, postes, señales, edificios, etc., nos llama inmediatamente la atención y nos ponemos alerta.

Muchos camuflajes aprovechan éstos defectos de percepción y engañan al ojo colocando sobre un fondo claro objetos oscuros de formas y tamaños familiares para los animales, como pueden ser ramas, hojas, etc., y que evitan la verticalidad. De hecho hay camuflajes en el mercado que son sumamente eficaces y que solamente utilizan éste principio para ocultar la silueta humana. Entre éstos últimos se encuentran ASAT®, Skyline® y Sticks ‘n limbs®, muy eficaces en ocultar al cazador a plena vista, en multitud de entornos y sin necesidad de raras combinaciones de colores ni detalles de pequeños objetos. Éstos estampados son especialmente eficaces en paisajes nevados o cuando nuestra silueta se recorta contra la claridad del cielo.

Tampoco es necesario acudir a sofisticados diseños científicos para romper la silueta humana, una simple camisa de rayas o cuadros, de los colores adecuados, puede conseguir el mismo efecto que los camuflajes comerciales.

Una camisa de cuadros rompe la silueta.

Camo Skyline® original

Hay camuflajes que van más allá y combinan los efectos de los varios tipos. Éstos incluyen en sus diseños grandes manchas de colores que armonizan con el entorno, a las que sobreimponen figuras oscuras comunes en el entorno como ramas, hojas, etc. El representante más típico de éste tipo es el estampado Predator®, un camuflaje tremendamente eficaz.

Algunos incluso ván más allá y combinan todos los elementos anteriores con detalles pequeños y prácticamente fotorealísticos, que no mejoran demasiado su capacidad de ocultación, pero que si mejoran en gran manera sus ventas, sin menoscabar su eficacia en el campo. Entre éstos últimos estarían los modelos Advantage®, Aparition®, Ultimate®, etc. Ésta es la tendencia actual del mercado, marcado también por la moda, como ocurre con otras prendas de vestir.

El no va más en camuflajes lo constituyen aquellos que verdaderamente incorporan objetos con volumen. Los más comunes son los llamados Guillie suit, empleados originalmente por los francotiradores del ejército, pero no son los únicos.

Camo Ultimate®

Camo Predator® Fall Brown

El camuflaje ideal es aquel que no destaca del entorno y que es capaz de confundir a los animales que nos miran directamente. Los que más se aproximan a éste propósito son aquellos que rompen la silueta humana y la hacen irreconocible. Para tiros a distancias medias a animales herbívoros, es mejor prescindir de la parafernalia de detalles que llevan grabados muchos camuflajes. Sólo si cazamos aves es cuando la combinación de colores y la profusión de detalles vienen a cuenta.

2.3.- NARANJA INTERNACIONAL

En algunos de los países donde la caza con arco es más popular, es obligatorio el uso del naranja internacional en parte o toda la indumentaria del cazador. En EE.UU., por ejemplo, es obligatorio para los arqueros llevar una superficie mínima de 600 pulgadas cuadradas de blaze orange en la parte superior del cuerpo durante la temporada de caza con armas de fuego (todavía se puede cazar con arco). En algunas provincias de Canadá, como Quebec, es obligado llevar safety orange o rojo para cazar especies como el oso negro.

Muchos cazadores llevan el naranja de seguridad nada más hasta el puesto y después se lo quitan, o se dejan puestas sólo las prendas mínimas para cumplir con la legalidad. Debemos destacar que ésta práctica puede ser peligrosa, pues otro cazador poco prudente nos puede confundir en la distancia con una pieza oculta entre la maleza y disparar con su arma de fuego. Quizá lo que ignoren éstos cazadores es que el naranja de seguridad es también un buen camuflaje. Recordemos que la visión de los herbívoros está limitada hasta una longitud de onda de unos 630 nm y que el naranja internacional con 595 nm, está en el límite de su capacidad visual y que carecen de conos sensibles al rojo. Por lo tanto un animal verá el naranja como una escala de gris, mientras el ser humano lo verá perfectamente resaltando sobre cualquier fondo.

 

Como lo vemos los humanos… y…

… como deben verlo los herbívoros

Para que los cazadores arqueros no parezcan una mancha gris uniforme en la campiña, existen unas prendas en naranja internacional y que además están camufladas, y así poder disimular la silueta del cazador. Éstas prendas camufladas cumplen con la legalidad vigente en todos los países y constituyen un buen camuflaje de fondo claro.

En países africanos como Zimbawe, no es obligatorio el naranja de seguridad, pero si que está prohibido el uso de camuflajes, por lo que también podríamos considerar el uso del naranja internacional con algún tipo de estampado para camuflarnos dentro de la legalidad.

En España, aunque todavía no es obligatorio, por prudencia recomendaría su uso siempre que se coincida en las actividades cinegéticas con cazadores que empleen armas de fuego, tales como monterías y batidas.

 

Capitulo 4

3.- EL ARTE DE LA OCULTACIÓN

El hecho de llevar puesto un camuflaje no nos hace automáticamente invisibles a los ojos de los animales, como el hecho de llevar un arco no nos convierte automáticamente en buenos tiradores. Saberse ocultar de la vista de los animales es un arte que se aprende con la práctica, que depende del tipo de terreno y de los recursos de los que dispongamos en el momento, de forma que es muy posible que no podamos repetir exactamente el mismo ardiz dos veces. A continuación daremos aquí unas nociones básicas.

 

3.1.- EL SILENCIO

Aunque aparentemente no está relacionado con la visión, la mejor forma de permanecer ocultos a los ojos de un animal es no darle ninguna razón para mirar en nuestra dirección. En el silencio están implicados tanto la forma que tengamos de movernos por el campo, como la suela de nuestro calzado o el tipo de tejido con el que estén confeccionada nuestra indumentaria.

Aunque un ruido natural en si no es por lo general motivo suficiente para espantar a los animales, si lo es para ponerlos alerta. Si nuestras presas nos oyen y después nos ven, para volverlas a encontrar tendremos que buscarlas ya en otra provincia. Lo mismo ocurrirá si producimos algún tipo de ruido característico, como el metálico, que nos identifique como humanos.

En lo referente a los camuflajes, deberemos procurar que estén confeccionados con tejidos silenciosos, como son la franela, forros polares, Saddlecloth®, lana, etc. Los tejidos más ruidosos son, entre otros, los de Nylon (o los que lo contienen en parte) y los de Cordura®.

No toda la ropa de caza está diseñada para los arqueros, por lo que deberemos cuidar de que todo nuestro equipo reúna éstas condiciones de silencio. Al adquirir una nueva prenda deberemos cerciorarnos de que cumple unos requisitos de silencio mínimos, para lo cual podemos hacer la prueba de rascar su superficie con las uñas. Si al hacerlo emite algún tipo de ruido sospechoso, deberemos descartar ésa prenda. De nada sirve que nuestra chaqueta sea sumamente silenciosa, si nuestra mochila es de Nylon, por lo que ésta regla se deberá aplicar a todo el equipo.

 

3.2.- LA INMOVILIDAD

Puede que nos resulte relativamente fácil pasar desapercibidos a los ojos de un animal si sabemos aprovechar bien sus puntos débiles, vestimos con los colores y patrones adecuados, usamos la luz correcta, etc. Pero nada nos puede salvar si el animal nos ve movernos. El movimiento se percibe fácilmente incluso si la iluminación, el enfoque o la profundidad de campo no son los correctos, llamando inmediatamente la atención de los animales, que por otro lado están siempre alerta en busca de depredadores.

La mejor solución para una total invisibilidad es permanecer completamente inmóviles o fuera del campo visual de nuestra presa, desde un puesto elevado por ejemplo. Sin embargo no siempre podremos permanecer inmóviles, sobre todo en la modalidad de acecho, pero podemos minimizar nuestros movimientos para que pasen lo más desapercibidos que sea posible.

En el caso de estar al descubierto, y si no es posible otra solución, deberíamos elegir para nuestro acecho una senda que nos lleve muy lentamente por derecho hacia el animal, y no perpendicularmente a él o formando ángulos, ya que así nuestros movimientos serán menos llamativos.

Es conveniente esperar a que el animal mire en otra dirección o agache la cabeza para pastar antes de iniciar ningún movimiento. Generalmente los animales siguen un ritmo al comer, al beber o al vigilar su entorno. Sería conveniente contar cuántos segundos se distrae nuestra presa y si efectivamente sigue un ritmo. Sabiendo cuánto tiempo permanece distraída, podremos aprovecharlo para movernos con seguridad en la siguiente ocasión que nos ofrezca, incluso dejando unos pocos segundos como margen de seguridad.

Las partes del cuerpo que más movemos en la caza con arco son la cabeza y las manos, detalle que es frecuentemente descuidado. Por eso es importante que no llevemos expuestas éstas partes, que llaman mucho la atención al ser claras, y que las cubramos con algún tipo de camuflaje.

 

3.3.- SABER USAR LAS SOMBRAS

Es conveniente no exponernos a la claridad del Sol, ya que resalta los colores y las formas y nos hace visibles a mucha más distancia. Aparecer de pronto en un claro bien iluminado tendría el efecto equivalente a que de pronto nos iluminaran con un foco en un escenario. Por lo tanto es muy aconsejable movernos siempre por las sombras o en la penumbra y nunca exponer de golpe todo nuestro cuerpo a la luz directa del Sol.

En las sombras se reduce mucho la intensidad de la luz disponible y se hace más difícil ver nuestra figura y nuestros movimientos. Los colores más visibles son el azul y el ultravioleta, y los otros se vuelven poco visibles a partir del verde. Aunque los animales son perfectamente capaces de ver con poca luz y los colores más visibles en las sombras, su capacidad de visión se reduce al estar sus ojos adaptados a la claridad de la luz ambiente.

Los colores más abundantes en la naturaleza, los tostados y verdes, son los que peor se distinguen en las sombras profundas y por tanto los que ofrecen una mejor capacidad de ocultación, junto con los grises y el negro. Deberemos procurar que nuestra indumentaria incluya al menos alguno de ésos colores en su patrón básico.

 

 

Éste mismo efecto tiene lugar en las horas del amanecer y el crepúsculo, que son precisamente en las que más se mueven los animales, pues se desplazan desde sus zonas de descanso a las de pasto o viceversa, con la salvedad de que la intensidad de la luz ultravioleta aumenta debido al efecto de refracción de la atmósfera.

 

3.4.- BUSCAR COBERTURA EN EL FONDO

Sin duda lo que mejor nos oculta de los ojos de cualquier animal es interponer un objeto entre nosotros y él, pero al mismo tiempo también nos impide a nosotros la visión del animal y por lo tanto cualquier tipo de acción venatoria (observar, acechar, disparar, etc.). Después del hecho tener algo entre nosotros y el animal, lo que mejor nos oculta de los ojos de nuestra presa es tener algo detrás de nosotros.

En la naturaleza los fondos suelen ser de formas irregulares, compuestos por un entramado de líneas multidireccionales (troncos, ramas, matojos, hierbas, piedras, etc.) en los que la figura humana, con sus características líneas verticales, se puede confundir. A la hora de ocultarnos de los ojos de nuestras presas, deberemos ser siempre conscientes de dos cosas principales: de dónde viene el viento y qué tipo de fondo tenemos detrás.

Hay que evitar las situaciones en las que nuestra silueta resalte contra un fondo claro (nieve, agua, el cielo, etc.), si el resto del paisaje es más oscuro. Éste es el caso de asomarse por lo alto de una ladera o arbusto, de caminar por la cima de las colinas, de apostarse en árboles sin hojas, etc. También es cierto lo contrario y hay que evitar resaltar de un fondo oscuro si llevamos colores claros, lo que nos hace igualmente visibles, si no más.

 

El cazador camuflado no contrasta… pero…

… el cazador no camuflado resalta del fondo.

3.5.- APROVECHAR LOS CONTRALUCES

Podemos asegurar que los ojos de los animales, por su mayor capacidad de captación de luz, ven mucho peor que los nuestros cuando miran directamente hacia una fuente de luz intensa. Todos hemos observado como los animales se encandilan cuando por la noche se les aproxima un coche con los faros encendidos lo que por otro lado causa el índice de mortalidad más elevado entre la fauna, mucho mayor que el debido a la caza. Por éste motivo, siempre que sea posible es aconsejable interponernos entre nuestras presas y el Sol para evitar ser vistos. Ésta treta, llevada a su grado máximo, constituye el mejor camuflaje y permite obviar cualquier otra técnica de ocultación al cegar completamente a los animales.

Deberemos aprovechar siempre en la medida de lo posible el efecto de los contraluces, moviéndonos en un arco de unos 15º de la línea que imaginariamente uniría el Sol y nuestra presa. Aumentar este margen sería contraproducente pues se resaltaría nuestra silueta, si no disponemos de una buena cobertura de fondo y por lo cual deberíamos evitarlo a toda costa.

Las ocasiones más propicias para aplicar ésta técnica son obviamente en las que el Sol está más bajo. Para mantenernos dentro del margen de seguridad para que nuestra silueta no resalte, arco de 15º, deberemos aplicar la técnica en un periodo de tiempo que comprende hasta una hora después/antes de la salida/puesta del Sol, que por otro lado coincide con las horas de mayor movimiento de los animales. Si estamos cazando desde un puesto elevado, nuestro periodo de tiempo efectivo aumenta, dependiendo de la zona y de la altura a la que nos hayamos apostado, pero como regla muy general lo podemos aumentar en media hora por cada cinco metros de elevación, suponiendo que la presa tiene un radio de alerta de cuarenta metros.

Una advertencia, al cazar desde un puesto elevado con el Sol en una posición baja, deberemos tener mucho cuidado con nuestra sombra, compañera fiel que sigue nuestros movimientos, aumentados en tamaño, y que será perfectamente visible desde el suelo.

 

 

3.6.- evitar los reflejos y brillos

Un reflejo en la penumbra del bosque, equivale para un animal lo que un faro para un marinero, es visible desde mucha distancia.

Aunque parezca obvio, hay que procurar no exponer al Sol nada que pueda reflejar su luz como objetos metálicos facetados, cristales, objetos planos de color blanco o muy claro, etc. Cuidado con ése reloj de pulsera, el objetivo de los prismáticos, el cuchillo, y cualquier otro objeto similar, pues pueden ser la causa de nuestro próximo fracaso cinegético.

 

4.- CAMUFLAJES PARA PROTEGERNOS DEL ENTORNO

Los camuflajes que portemos cumplen otro papel importante además de volvernos invisibles, y es el de protegernos contra las agresiones del entorno. Deben ser resistentes para aguantar las abrasiones de zarzas, ramas, piedras, etc. y mantener la temperatura de nuestro cuerpo dentro de unos márgenes confortables.

Al desarrollarse la mayor parte de nuestras actividades cinegéticas en invierno, el frío será el meteoro con el que tendremos que enfrentarnos más comúnmente. De todos es sabido que lo mejor para luchar contra el frío es abrigarse mucho, y la forma más fácil de hacerlo es poniéndonos más ropa y más gruesa. Éste método de abrigo presenta una gran inconveniente para el cazador arquero y es que al aumentar el volumen de la ropa, se restringen mucho nuestros movimientos, impidiéndonos tensar el arco con presteza y soltura, y además la ropa puede interferir en el tiro y desviarnos la flecha. Lo mejor es vestirnos en capas, de forma que podamos añadir o quitarnos la ropa según las necesidades del momento, pero sin que nunca lleguen a ser voluminosas. De nada nos sirve ir a cazar abrigados, si no podemos cazar nada, y de nada nos sirve ir desabrigados si nos vemos incapaces incluso de andar.

La hipotermia es un siempre un riesgo al que se enfrenta el cazador arquero, y debemos evitarla a toda costa, ya que puede matarnos. Por eso deberemos saber abrigarnos convenientemente y para ello empezaremos de pies a cabeza:

 

4.1.- LOS PIES

Los pies son una parte que sufre especialmente el frío, al estar en contacto con el helado suelo, o al permanecer aprisionados e inmóviles dentro del calzado en lo alto de un treestand. No en vano los dedos de los pies son de las primeras partes del cuerpo en congelarse.

Para protegerse del frío, en primer lugar es necesario un buen calzado. Unas botas aislantes, con Thinsulate®, tal vez incluso impermeables, entre las muchas que podemos encontrar en el mercado, nos serán de gran utilidad. Para el frío extremo existen unas botas especiales, llamadas Mickey Mouse, que forman parte del equipo de las unidades del ejército que tienen que actuar en regiones polares. Ésas botas son caras, difíciles de conseguir, ruidosas y tan voluminosas que nos hacen caminar con torpeza, no siendo pues recomendables para regiones fuera del Círculo Polar.

Después de las botas necesitaremos unos buenos calcetines térmicos, en fibras aislantes como el Polipropileno®, Thermolactil®, Thermax®, etc. Cualquier fibra es válida mientras no retenga la humedad, condición imprescindible.

Por último, encima de estos calcetines podemos llevar unos gruesos calcetines de lana.
Si todavía prevemos que vamos a tener frío, podemos incluir entre los dos calcetines unas pequeñas bolsitas térmicas, hechas a propósito para calentar los pies. Si nos enfriamos bastará con que movamos ligeramente los dedos del pie para que los componentes de la bolsita se reactiven y produzcan calor.

Deberemos ser conscientes a la hora de comprar nuestro calzado, que además de cumplir unas condiciones de silencio, impermeabilidad, aislamiento témico, etc. sean de una talla suficiente como para permitir llevar dos o tres pares de calcetines sin aprisionar el pie ni restringir su circulación.

 

4.2.- LAS PIERNAS

A continuación nos preocuparemos de las piernas, apéndices importantes pues bajo el frío intenso tienden a temblar y dejan de funcionar, especialmente cuando en los puestos quedan inmóviles por largo rato. Al no intervenir directamente en el tiro, existe la ventaja de que podemos añadir capas de ropa a voluntad, especialmente si vamos a cazar a la espera. Si necesitamos andar para cazar, quizá deseemos vestir algo más ligero, pero que al mismo tiempo abrigue. En éste último caso deberemos tener cuidado de no ponernos tanta ropa como para que nos haga sudar, pues si se moja la ropa corremos un grave riesgo de hipotermia.

Una vestimenta en capas adecuada la constituirían una ropa interior de Polipropileno®, Thermolactil® o Thermax®, que mantiene la humedad apartada del cuerpo. En el caso de no disponer de estas prendas, unos gruesos pantys de señora harán una buena función. A continuación, en caso de frío intenso, podríamos poner encima de la primera capa más ropa interior de los mismos materiales o lana, pero de mayor grosor. Encima de esta capa podrían ir unos gruesos pantalones de lana y en el caso de mucho frío todavía podríamos añadir unos pantalones o mono con Thinsulate®, plumón, o cualquier otro material aislante.

Según la temperatura podemos ir añadiendo o quitando capas a nuestro gusto. Pensemos también que tal vez suframos la urgencia de aliviar alguna necesidad fisiológica a la hora de elegir nuestras prendas.

 

4.3.- EL TORSO

El objetivo fundamental al abrigar el torso y los brazos es el mantener el volumen del vestuario al mínimo, para que nos permita tirar con arco aceptablemente. Por éste motivo deberemos siempre practicar el tiro con la ropa de invierno puesta, en el peor de los casos que nos puedan surgir.

Mantener el volumen al mínimo y abrigar mucho es tarea difícil, por lo que deberemos elegir nuestras prendas con cuidado.

La primera capa podría estar constituida, al igual que en el caso anterior, por ropa interior de Polipropileno®, Thermolactil® o Thermax®, que mantiene la humedad alejada del cuerpo. ¡Nunca usar prendas de algodón junto a la piel!, pues el algodón retiene la humedad y corremos riesgo de hipotermia. La seda es también un buen tejido para la primera capa, pero es cara y difícil de encontrar.

En el caso de mucho frío, la segunda capa puede estar constituida por otras prendas de ropa interior, pero más gruesas y de cuello alto. En casos más normales podemos pasar directamente a un jersey de lana fina o de algún tipo de forro polar (PolarFleece®, PolarTech®, PolarTuff®, etc.). Tengamos en cuenta que la lana tiende a engrosar el volumen de nuestro vestuario, por lo que su uso debemos limitarlo. Por otro lado sus capacidades aislantes son excelentes, incluso si está mojada.

Para la capa exterior, podemos añadir un jersey más grueso o una cazadora y en caso de frío intenso, además un mono, parca o chaquetón tres cuartos con Thinsulate®, plumón, Gore-Tex®, etc., aislante e impermeable, encima de todo lo anterior. No se recomienda el forro polar para la última capa, pues su capacidad para resguardarnos del viento es casi nula y además tiene tendencia a acumular escarcha, que se adhiere sobre su superficie y podría causar hipotermia.

Deberemos tratar de no sudar bajo ningún concepto, por lo que en el caso de la caza a la espera es conveniente añadir las capas intermedias al llegar al puesto. Podemos ir añadiendo o quitando capas a voluntad, según nos vayamos sintiendo más cómodos.

Por si llueve deberíamos llevar también un chubasquero, canguro o similar, cuidando que dentro de lo posible sea silencioso (generalmente son de plástico o nylon).

Ojo con los bolsillos, cremalleras, cordones y colgantes que pueden interferir en nuestro tiro. Por otro lado es conveniente siempre disponer de bolsillos en los que poder meter las manos y también alguna que otra bolsita calentadora.

 

4.4.- LA CABEZA

El ser humano es el animal terrestre con mayor volumen cerebral en proporción con el tamaño de su cuerpo. Éste hecho implica que aparentemente debemos hacer un uso mayor del cerebro que otros animales. La utilización masiva de las células cerebrales conlleva un residuo poco deseado para el organismo y que es la producción de calor, que debemos eliminar para el buen funcionamiento del cerebro. El ser humano por lo tanto pierde gran cantidad de calor por la cabeza, mucho más que cualquier otro animal. Según diversas fuentes, la cantidad de calor perdida a través de la cabeza varía, pero ronda el 30% de todo el calor corporal, por lo que convierte la cabeza en la parte del cuerpo por donde perdemos más calor. Recordemos el viejo dicho: “Si quieres tener los pies calientes, abrígate la cabeza”.

Para abrigar la cabeza, deberíamos empezar por el cuello, lugar por el que transcurren los grandes vasos sanguíneos que irrigan el cerebro. Si se enfría el cuello, se introducirá sangre fría en el cerebro, y por lo tanto bajará la temperatura de éste, con el riesgo que eso conlleva. Una buena bufanda, pañuelo de seda o ropa de cuello alto, harán la función. Existen también unas pequeñas prendas que cubren sólo los hombros y el cuello y que son como la parte superior de un cuello de cisne.

Para la cabeza propiamente dicha, nada mejor que un buen pasamontañas de lana. Si el frío es intenso, entonces podemos desplegarlo totalmente y nos protegerá el cuello, cara y cabeza. Si el frío aumenta, podemos añadir además un gorro de lana gruesa, uno aislante, o la capucha aislante del chaquetón que llevemos. La lana presenta la ventaja de que no retiene la humedad, que abriga incluso cuando está mojada y que es barata y fácil de conseguir.

No es conveniente añadir mucho bulto sobre la cara, sobre todo para los tiradores instintivos, pues esto hace variar la sensación que tenemos al anclar el arco y nuestros tiros pueden desviarse, generalmente a la izquierda y arriba (tiradores diestros).

 

4.5.- LAS MANOS

Nuestras manos deberían ser objeto de especial atención, pues son las herramientas que nos permiten llevar a acabo la infinidad de tareas que necesitamos para llevar a buen fin una jornada de caza.

Si vamos a caminar para cazar, nuestras manos seguramente estarán expuestas a la intemperie, pues tendrán que sujetar el arco y usarse para otras tareas. Conviene entonces usar guantes o manoplas aislantes con Thinsulate® y Gore-Tex®, encima de otros más finos de lana. Los guantes gruesos deberemos quitarlos para efectuar el tiro.
Para cazar desde un puesto, lo mejor es meter las manos en un caliente bolsillo, en el que habremos introducido previamente unas bolsitas calentadoras.

 

5.- CUIDADO DEL EQUIPO

Ya hemos visto que con la variedad de prendas necesarias para la caza con arco, es fácil que gastemos en vestuario lo mismo o más que lo que hemos gastado en el equipo de tiro. Conviene por tanto tener buen cuidado en conservar nuestra ropa de caza, y eso implica principalmente tres aspectos: proteger la integridad del tejido, conservar intacto el estampado del camuflaje y mantener las prendas libres de olores extraños.

 

5.1.- EL LAVADO

El lavado hace más por conservar o destruir una prenda que todas las demás acciones sobre ésta combinadas. Esto es especialmente cierto con el equipo de caza.

Primeramente deberemos mantener la integridad del tejido de la prenda. Aunque hechas para un trato rudo, algunas prendas son delicadas también por sus capacidades aislantes, que podrían perderse en caso de un lavado o secado inadecuado. La lavadora puede variar la uniformidad de distribución de las fibras aislantes incluidas en el forro, o romper una delicada membrana como es el Gore-Tex®. El agua caliente también puede hacer que las prendas aislantes como el Polipropileno®, Thermolactil® o Thermax®, encojan varias tallas, debido a la especial composición y distribución de sus fibras.

El estampado del camuflaje es el segundo factor de riesgo en la operación de lavado del equipo. Un tipo de lavado demasiado rudo, puede hacer que los colores de nuestro camuflaje destiñan, con el resultado de que el estampado pierde parte o toda su efectividad. También los detergentes convencionales incluyen abrillantadores del color, que no son otra cosa que reflectores del ultravioleta, que dan la sensación de azulado en la ropa blanca. Ya hemos visto que los animales pueden ver perfectamente el ultravioleta, y no queremos nuestra ropa teñida en ése color, los que nos haría parecer de un color fluorescente a nuestras presas. También los detergentes convencionales incluyen perfumantes, que harán que los animales nos puedan oler desde gran distancia. Todos estos efectos indeseables del detergente, permanecen en la lavadora, incluso si usamos algún tipo de jabón especial para cazadores, ya que siempre quedan resíduos en los conductos de agua, el tambor, etc. y que duran por muchos lavados.

Como no siempre es posible contar con una lavadora especialmente dedicada a nuestros camuflajes, se recomienda para simplificar las cosas, lavar nuestro equipo a mano, con agua fría, vuelto del revés y con detergentes especiales para cazadores. Si no disponemos de estos detergentes, acudir a aquellos que no tengan ni abrillantadores del color ni perfumantes (escamas Lagarto). No se recomienda añadir bicarbonato sódico al agua, como podemos leer en algunas publicaciones antiguas. El bicarbonato sódico es un absorbente de olores, no un eliminador de olores, y por tanto irá captando cada olor que llegue a la prenda, incluidos los indeseables. Además sus restos permanecen en la prenda por muchos lavados.

El secado deberá hacerse al aire libre, sin secadoras, y a la sombra. Si fuera posible, lo ideal sería tender las prendas sobre algún arbusto o matojo abundante en las zonas donde solamos cazar. En cualquier caso intentar mantener las prendas libres de olores. Si no tenemos más remedio que usar una secadora para mantener las condiciones de esterilidad anteriores, volver las prendas del revés antes de proceder.

Si nos encontramos en el campo y no podemos lavar para eliminar el olor a sudor u otros, un buen sistema es tender las prendas al aire libre por unas 24 horas, para que se ventilen bien y desprendan nuestro olor y capten el de los alrededores.

 

5.2.- ALMACENAJE

Sería un error cuidar las prendas con esmero y luego guardarlas en el armario, junto con todas las demás de nuestro vestuario. Cogerían inmediatamente olores como naftalina, piel humana, perfumes, etc., por lo que todos nuestros esfuerzos para esterilizarlas serían en vano.

Se recomienda que después de lavar y secar las prendas adecuadamente, se introduzcan dentro de bolsas de plástico herméticas y que se conserven así hasta llegar al lugar de caza, y una vez allí restregarlos por algunos de los matorrales de la zona. Es también conveniente guardar todos nuestros camuflajes en un mismo sitio, para así simplificar su cuidado.

Debemos evitar llevar los camuflajes puestos para otras actividades que no sean cazar, da mala imagen a los cazadores y además van recogiendo todos los olores del mundo que nos rodea: gasolina, plástico, comida, tabaco, perfumes, productos químicos, etc.
Recordemos que nuestros camuflajes son la herramienta más útil que tenemos para poder aproximarnos a los animales. ¡Cuidémoslos!.

 

Buena caza

 

Miguel Ángel González Domingo

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.Saber más

ACEPTAR
error: Este contenido esta protegido por derechos de autor